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En torno a la tipografía

Frutiger, Adrian: En torno a la tipografía, Barcelona, Gustavo Gili, 2002.

 

Arnau Estela Octubre de 2012

 

Adrian Frutiger nació en Suiza en 1928, un año después de que Paul Renner presentara la Futura y revolucionara  el mundo de la tipografía. Tuvo una completa formación como tipógrafo, evidentemente,  muy influida por la Escuela Suiza que, alrededor de los años 1930, asimiló y estandarizó muchos de los preceptos del Movimiento Moderno europeo.

  

En 1952 se traslada a Francia para trabajar en la importante firma Deberny & Peignot. En esta empresa, donde estuvo durante ocho años, diseñó tipografías como la Ondine (1954) y la Meridien (1955) y supervisó la adaptación de tipografías clásicas como Garamond, Baskerville y Bodoni a los nuevos sistemas de fotocomposición.

 

En 1960 piensa que es el momento de establecerse por su cuenta y decide fundar su propio estudio. Éste ha funcionado durante más de cuarenta  años, siempre en Francia. Su larga permanencia en Francia le sirvió de perfecto complemento a su formación tipográfica. A la tradición suiza sumó el aprecio y conocimiento por la tipografía latina. 

  

En En torno a la tipografía, Frutiger contó con la colaboración de Yves Perrousseaux, quién en la introducción comentó que el libro nace de la necesidad de Adrian Frutiger de transmitir sus conocimientos a las nuevas generaciones de tipógrafos, diseñadores y estudiantes de artes gráficas que surgen en plena era digital de la tipografía con todas las limitaciones que ello conlleva. En palabras de Frutiger: «Siento en mí la necesidad de aconsejar a todos esos jóvenes que veo sentados delante de sus pantallas, disfrutando del gran placer de jugar con las formas de las letras pero ignorantes de la base de toda regla tipográfica [...] creo que, para el artista y el artesano, la limitación técnica  siempre es más un estímulo que un freno, porque impulsa la simplificación de la forma».

 

Al igual que Morris o Ruskin, Frutiger considera que el estudio de la historia y de las obras y maestros del pasado es imprescindible para disponer de un conocimiento que multiplique tus recursos como diseñador no para copiar lo que ya se ha hecho antes, sino para crear sobre unos cimientos teóricos avalados por muchos siglos de trabajo y estudio que no se deben obviar ni despreciar.

 

«La clave  del pasado se convierte en la piedra angular del futuro», dice el autor, quien no se refiere al tema sin conocimiento de causa pues es uno de los tipógrafos más reconocidos de su generación no sólo por su capacidad de innovación, su perfeccionismo y su visión global del alfabeto sino, también, por sus estudios de tipos antiguos y por la adaptación de éstos al formato digital (Didot, Herculanum, Ondine etc.).

 

Teniendo en cuenta el razonamiento arriba mencionado, resulta evidente que para llegar a ser un buen tipógrafo hay que tener un gran conocimiento de la historia del lenguaje, del alfabeto y de la tipografía. Este libro aporta información general sobre estos temas. La pretensión es que estos interesantes datos sean un incentivo  para la profundización del estudio en bibliografías más específicas.

 

Adrian Frutiger e Yves Perrousseaux hacen un breve pero didáctico resumen de la historia de la escritura. Desde el nacimiento del alfabeto hacia el 3500 a.C. en Sumeria hasta la evolución de las tipografías de palo seco durante el siglo XX. Nos explican cómo han evolucionado los alfabetos, cómo aparecen las minúsculas por la necesidad de una comunicación más rápida, cómo evoluciona el diseño de los caracteres  según el corte y la inclinación de la pluma del escribiente. Nos cuentan, también, cómo Carlomagno impuso en el año 790 d.C. la escritura «Carolina» y cómo eso le ayudó a unificar culturalmente  todo el territorio de su vasto imperio. Aparecen  importantes referencias al nacimiento de la imprenta,  la evolución y consolidación de las diferentes técnicas de impresión y de las diferentes familias tipográficas: elzevirianas, de transición, neoclásicas, de palo seco y de fantasía, etc. En ese sentido, hay que decir que resultan muy interesantes sus reflexiones acerca de la importancia social de la tipografía en la historia, así como los análisis y conclusiones a las que llega.

 

Después de los necesarios aportes acerca de la historia, Frutiger empieza a desnudar su alma de tipógrafo. Nos da su opinión sobre la función que ha de cumplir una tipografía y cómo ésta debe cumplirse. La prioridad de Frutiger en su trabajo es la legibilidad. Se considera al servicio de los millones de lectores potenciales de trabajos hechos con sus tipografías. Quiere facilitarles las cosas,  y adaptar cada tipografía al uso que se vaya a hacer de ella. Que las formas de las letras desaparezcan, que se hagan invisibles. El mensaje tiene que fluir sin que la tipografía sea un «estorbo».

 

Se utilizan textos de otros autores para introducir uno de los temas más importantes del libro; tema interesante porque supone la toma de posición del maestro en una cuestión que ha estado en el centro del debate tipográfico a lo largo del siglo XX (del Dadá hasta Fuse),  la función expresiva, o no, de las letras.

 

Frutiger convierte  los preceptos de legibilidad en dogmas inamovibles a la hora de trabajar. Así nos dice: «La exigencia de tener que conservar la forma significante que se ha manifestado en el transcurso de los siglos es fruto de una confrontación constante entre estética y legibilidad», «si la fantasía del creador se ha desviado del trazado central, habrá dificultad de lectura, frustración o claramente, ilegibilidad, lo cual dista mucho del objetivo de un carácter de lectura».

 

Sin embargo, el autor deja un margen para la creación; el esqueleto se puede vestir con diferentes ropas siempre que se respete la matriz. Así se percibe en sus trabajos pues tienen personalidad suficiente como para ser reconocidos con facilidad, lo que no deja de ser una pequeña contradicción. Contradicción, que por otra parte no es sino un signo del intento de profundizar al máximo posible en el estudio de su oficio y que encontramos en muchos de los grandes diseñadores de la historia, desde Morris al mismo Frutiger pasando por Tschichold y Rams.

 

En los años 1990 las nuevas visiones postmodernas abrieron el debate de la legibilidad como cuestión cultural, revitalizando  y situando el funcionalismo en un contexto más concreto. Incluso Frutiger reconoce en algún momento, aunque con la boca pequeña  que «es posible que intervengan  las costumbres culturales de lectura».

 

Una de las virtudes más apreciadas del autor es a su vez una de sus máximas obsesiones: «una letra solo existe en su relación con las demás», nos dice. El detalle de cada letra solo es importante en función de su encaje y relación con todos los elementos de los que forma parte y con los que se relaciona. Cada letra tiene que estar en armonía con el resto de las que constituyen una palabra, así como deben estarlo las palabras en la línea y éstas en la caja de texto. En el momento de empezar a concebir un nuevo tipo de letra, lo más importante es pensar en el conjunto desde un principio e ir solucionando los problemas desde lo general a lo particular. Una letra muy bonita no sirve de nada si no tiene un buen encaje con el resto de letras.

 

A modo de conclusión, podría decirse que En torno a la tipografía recoge las tesis racionalistas de principios del siglo XX en el ámbito de la tipografía, de Tschichold y de Emil Ruder (a quien Frutiger admiraba profundamente) pero refleja, también, como las circunstancias de la Europa de postguerra llevaron a Frutiger por el camino de «la humanización de las formas racionalistas».

 

Este libro resulta relevante porque acerca el punto de vista de uno de los más reconocidos tipógrafos de nuestro tiempo a las nuevas generaciones, a la vez que introduce de forma didáctica y amena temas en los que éstos tendrán que profundizar a lo largo de su formación si quieren convertirse en unos buenos profesionales de éste ámbito.

 

Nivel: Medio.

 

 

Arnau Estela. Profesional de las Artes Gráficas. Estudiante del Grado en Diseño, en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad de Barcelona. Fundador, junto a Amiel Lammersdorf de la imprenta artesanal L'Anacrònica. 



Tags: Tipografía, Escuela Suiza, Historia de la Tipografía, Adrian Frutiger
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