
La imagen gráfica de Barcelona'92 (I): «Logotipos»
Josep Maria Trias creó un logotipo innovador con valores de humanismo y universalidad.
| Raquel Pelta | Diciembre de 2012 |
Como ha señalado Miquel de Moragas (2002: 119): «El primer reto de la organización de los Juegos OlÃmpicos consiste en saber escoger un modelo de relación ciudad-Juegos. Eso significa definir un modelo organizativo, económico y urbanÃstico, pero también significa escoger un modelo cultural y de comunicación».
En este sentido, señala el autor (2002:119): «La planificación de la comunicación se inicia con un primer gran reto: definir (y seleccionar) la imagen de la identidad corporativa de la sede. Eso implica un proceso complejo -profesional y polÃtico- para encontrar las soluciones aceptables.»
Según Moragas (2002:120), en cuanto a la vertiente polÃtica, la imagen final de Barcelona'92 fue el resultado de un «proceso de tensiones y de consensos», entre los gobiernos de España y de Cataluña, el Ayuntamento de la ciudad, los comités olÃmpicos, los medios de comunicación, los patrocinadores y los actores sociales.
Por lo que se refiere a los aspectos técnicos, indica que: «la primera etapa de comunicación implicaba la definición de los contenidos semánticos básicos que posteriormente habrÃan de expresarse a través de diversos medios de comunicación". Este debate inspiró: "todo el conjunto de la producción simbólica de los Juegos: el diseño de los sÃmbolos (logotipo y mascota), la elección del modelo de cultural de las ceremonias (inauguración, clausura, recorrido de la antorcha); las estrategias informativas básicas para los medios de comunicación (libros, folletos, guÃas, vÃdeos, etc.)» y «la adaptación a los rituales olÃmpicos y a las condiciones de comunicación de la época implicaba la sÃntesis de una realidad compleja -la identidad de la sede- en unas pocas imágenes y referentes» (Moragas, 2002:120).
Esto llevarÃa a un proceso de selección basado en la: «Priorización de los signos de identidad expresables icónicamente aptos para su expresión fotográfica y visual», la selección de «aquellos valores culturales que ya tienen reconocida una proyección internacional mayor: GaudÃ, Picasso, Dalà y Miró», la «selección de actores de fama mundial para representar la identidad de la propia cultura", la "utilización de edificios y monumentos singulares como signos emblemáticos de la ciudad» y la «selección de imágenes de la cultura popular y del folklore pero también de la economÃa, de la tecnologÃa y del carácter cosmopolita de la ciudad» (Moragas, 2002:120-121).
En esa creación de imagen, como en cualquier proceso publicitario, nos dice Moragas (2002: 121), se excluyeron otros universos semánticos como los elementos negativos también presentes en la ciudad (contaminación, marginación, etc...) y se huyó de «una serie de Ãtems que sólo unos años atrás constituÃan el campo semántico habitual de las campañas promocionales turÃsticas de España: toros, flamenco, vino, sol, folkore, etc.», porque no se consideraron adecuados ni para la nueva imagen de la identidad catalana ni para la de España que, tras la muerte de Franco, querÃa transmitir al exterior modernidad.
Barcelona necesitaba proyectar su imagen internacionalmente para incentivar el turismo y la inversión económica y España necesitaba presentarse como un paÃs democrático y plural que dejaba atrás los largos años de dictadura franquista. Las Olimpiadas eran una magnÃfica oportunidad para abandonar los estereotipos negativos de la españolidad (atraso, improvisación, machismo, etc...), construidos durante varios siglos y, también, para que Barcelona demostrara que era una ciudad abierta y vital pero, al mismo tiempo, preparada y capaz de organizar un acontecimiento tan complejo como son los Juegos OlÃmpicos.
La elección de los sÃmbolos
Uno de los primeros pasos en la proyección de la imagen pública de cualquier Olimpiada es la elección y presentación a los medios de comunicación del «logotipo».  El caso de Barcelona no fue distinto y las decisiones a la hora de elegir el logotipo y de la mascota, según Moragas (2002: 128), tuvieron una significación especial «dado el valor que el diseño habÃa adquirido en Cataluña como expresión de afirmación y de identidad», un valor que habÃa comenzado a tener a mediados de la década de 1950, etapa en la que ya empezó a percibirse como opción de modernidad en el camino hacia la democracia y frente a la dictadura franquista.
Tanto el diseño gráfico como el industrial significaban una reivindicación del pasado vanguardista de la cultura catalana. Como comenta Moragas (2002: 128): «El diseño, entonces, era un referente perfecto como argumento de autoafirmación (sobre todo de las élites urbanas) y como una promoción internacional de la ciudad [...] Por eso no puede extrañar que las primeras decisiones de diseño de los sÃmbolos olÃmpicos fuesen objeto de fuertes polémicas y marcasen la futura orientación del resto de decisiones relativas al modelo cultural de los Juegos».
Finalmente, a la hora de escoger tanto el logo como la mascota, prevalecieron las opciones más vanguardistas, hecho que marcarÃa la orientación de la producción simbólica de los Juegos.
El sÃmbolo de la candidatura
A comienzos de 1984, el Consejo Rector de la Candidatura de los Juegos OlÃmpicos de Barcelona decidió que era necesario crear una imagen gráfica que sirviera para identificar y proporcionar personalidad propia a las Olimpiadas.
Poco tiempo después, en abril de ese mismo año, se constituyó una comisión para redactar las bases del concurso que permitirÃa seleccionarla. Entre las caracterÃsticas que la imagen debÃa tener estaba el que transmitiera el concepto de Barcelona'92, sin caer en localismos pero, también, que fuera inteligible internacionalmente.
En las bases del concurso se concretaron las distintas aplicaciones del futuro sÃmbolo, que habrÃa de usarse tanto para cubrir las necesidades de la Oficina OlÃmpica (señalización, publicaciones, papelerÃa, etc...) como para situar en instalaciones, medios de transporte, locales, etc...
De entre las diferentes propuestas, quedaron dos finalistas: Carlos Rolando, con un logo («Barcelona 1992») centrado y rodeado por cinco flechas evocadoras de los anillos olÃmpicos y América Sánchez, que resultó ganador del concurso. Su logosÃmbolo mostraba cinco elipses entrelazadas, situadas encima de una forma curva plateada, que representaba el horizonte de la ciudad y su perfil marÃtimo, sobre la que colocó el texto «Barcelona'92».
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| Propuesta de Carlos Rolando, publicada en el diario La Vanguardia (15/5/1984). | América Sánchez, emblema de la candidatura olÃmpica. |
Hay que recordar que hasta el momento, Barcelona no era todavÃa sede olÃmpica y, por tanto, no podÃa utilizar los anillos que constituyen el emblema olÃmpico porque pertecen al Comité OlÃmpico Internacional y éste solo permite su empleo a los comités olÃmpicos nacionales y a las sedes olÃmpicas oficiales. Por eso, América Sánchez comentó en una entrevista publicada en La Vanguardia en octubre de 1986: «TenÃa claro que los sÃmbolos de los Juegos OlÃmpicos eran unos elementos que entrelazados simbolizan la hermandad. Esos sÃmbolos debÃan ser los aros olÃmpicos. El primer problema radicó en que Barcelona no es una ciudad olÃmpica y por tanto no puede usar los aros del COI para ningún tipo de promoción.»
El logo, bien acogido por la población barcelonesa -que pronto lo bautizó como «el palillo»-, se empleó en las publicaciones de la Oficina OlÃmpica, estuvo presente en las actividades en las que participó la candidatura, se utilizó en el ámbito de la publicidad institucional y privada y se adaptó a todo tipo de objetos de recuerdo como, por ejemplo, camisetas, corbatas, relojes y bolÃgrafos.
En palabras de América Sánchez: «En el logotipo, jerárquicamente lo que domina es la idea de Olimpiada a través de los cinco aros. Barcelona-92 viene a ser como un pie y lo que ha venido en ser conocido como "puro" o "palillo" es simplemente un soporte a la palabra Barcelona-92 con una forma que va ligada a los anillos.»
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| Aplicaciones del logotipo de la candidatura olÃmpica diseñado por América Sánchez. |
Sin embargo, el 17 de octubre de 1986, Barcelona fue designada sede de los Juegos OlÃmpicos. Se abrÃa asà una nueva etapa para la identidad gráfica del evento pues ahora ya se podÃan (y debÃan) incorporar a la misma, los anillos olÃmpicos «oficiales». Era necesario diseñar el que serÃa el emblema definitivo.
En este sentido, cabe recordar que la simbologÃa de cada Olimpiada se basa en los sÃmbolos «normalizados» por el Comité OlÃmpico Internacional, que en el caso de la imagen gráfica son las cinco anillas olÃmpicas. De acuerdo a la Carta OlÃmpica de 1991, representan la unión de los cinco continentes y el encuentro de los atletas del mundo. Las anillas son siempre una referencia genérica al movimiento olÃmpico pero se pueden asociar con otros sÃmbolos para representar cada Olimpiada asà como a los diferentes Comités OlÃmpicos Nacionales.
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SÃmbolo y logotipo olÃmpicos
Con la confirmación de Barcelona como sede olÃmpica, el COOB'92 convocó un nuevo concurso restringido, en el que participaron seis diseñadores especializados en identidad corporativa e imagen global, con una experiencia profesional amplia y comprobada: José MarÃa Cruz Novillo, Carlos Rolando, América Sánchez, Enric Satué, Josep Maria Trias e Yves Zimmerman.
Un jurado formado por la Comisión Permanente del COOB'92 y por catorce expertos eligió el logosÃmbolo creado por Josep Maria Trias, que actuarÃa desde aquel momento como elemento básico de la identidad de Barcelona'92 y como punto de partida para el desarrollo de otros elementos de comunicación.
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| Josep Maria Trias, logosÃmbolo de los XXV Juegos OlÃmpicos, Barcelona 1992. (Aplicación en un cartel). |
Tal y como ha escrito el diseñador: «Una de las premisas básicas del proceso proyectual fue la necesidad de diferenciarse de las imágenes caracterÃsticas de las anteriorer ediciones de los Juegos OlÃmpicos o de las candidaturas. Esta consideración no surgió tanto de unas exigencias de originalidad del diseño, como de la constatación de que el sÃmbolo no podÃa estar realizado con un vocabulario técnico, geométrico o tecnológico. Ni Barcelona, ni tampoco Catalunya o España pueden 'vender' una imagen tecnologista. Es innegable que internacionalmente Barcelona se asocia a Picasso, Miró, DalÃ, Gaudà o Tà pies; esta eviencia conducÃa a la necesidad de definir un lenguaje más humano, más cálido, más artÃstico, más creativo, más personal, en suma, más coherente con los valores comunicativos que era preciso transmitir.» (Trias, 2005: 3).
Esto le llevó considerar que el sÃmbolo debÃa tener la condición de «dibujado a mano» como una manera de alejarse del lenguaje tecnológico y le llevó a decantarse por el trazo que, desde ese momento, se convertirÃa en un elemento esencial.
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| Aplicación del logotipo olÃmpico a una camiseta. | Aplicación a la entrada de la ceremonia de inauguración. |
Para Trias, además, el sÃmbolo tenÃa que transmitir la imagen de una ciudad Ãntimamente vinculada al mar Mediterráneo, un mar que, según el diseñador: «configura inequÃvocamente una personalidad extrovertida, expresiva, luminosa, dinámica, colorista, desenfadada, libre, directa y humana» (Trias, 2005: 5) y que identifica, a través de todos estos conceptos, a Barcelona y a su cultura. Por tanto, uno de los criterios que estableció fue el de que transmitiera sensación de mediterraneidad y: «Ese criterio de mediterraneidad era una nueva justificación de la necesidad de diferenciar este diseño de las imágenes gráficas de anteriores convocatorias olÃmpicas, que en su mayor parte podÃan ser definidas como elaboraciones geométricas muy alejadas de ese carácter expresivo que el diseño debÃa comunicar.» (2005: 4).
Pero, además, se querÃa ofrecer un sÃmbolo suficientemente representativo de Barcelona, Cataluña y España pero que no cayera en el localismo sino que tuviera un carácter universal como corresponde a los valores propios de los Juegos OlÃmpicos. Y en la búsqueda del lenguaje más adecuado, Trias optó por generar una forma que fuera la sÃntesis de una figura humana en actitud dinámica: «El sÃmbolo describe la intención de un desplazamiento (de izquierda a derecha, en el sentido ordinario de la lectura), en actitud de saltar o correr. [...] Es el salto del atleta, por encima de Barcelona y los anillos olÃmpicos, que ofician de base sustentadora de la composición; pero también es, a su vez, el salto de alegrÃa al ganar una medalla o la actitud de brazos abiertos, sÃmbolo universal de la hospitalidad.» (Trias, 2005: 3).
Respecto a los colores, Trias partió de las enseñas de Barcelona, Cataluña y España que son, fundamentalmente, amarillas y rojas: «por tanto, si el propósito era identificar esa triple realidad topográfica y polÃtica, no podÃa evitarse su utilización» pero, también, tuvo en cuenta que para transmitir la mediterraneidad de la ciudad y su vinculación al mar una buena solución era incorporar el azul. El diseñador lo ha descrito de esta manera: «El color rojo se asocia a vida (sangre), fuego (calor), pasión, sentimientos, dolor y libertad; el amarillo al sol, a la luz, a la comprensión, a la intuición, al intelecto y a los valores humanos. El azul se asocia, por su parte, a mar, cielo, a luz de dÃa, pensamiento, constancia, justicia y frialdad. De esta forma, también la dimensión cromática –además de su contribución decisiva a la definición material del diseño y a su posterior desarrollo– asumÃa un papel propio y caracterÃstico en el valor expresivo global del sÃmbolo.» (Trias, 2005: 4).
Finalmente, para el logotipo Barcelona'92 empleó la Times Demi Bold (New Roman), por su referencias culturales (romanidad y la latinidad): «Frente a la frialdad, aparente asepsia y pretendida “modernidad†de la tipografÃas de palo seco (Futura y Helvética, fundamentalmente), la utilización de una Times, que a pesar de su origen sajón se revela como heredera directa de la capital romana, suponÃa un decidido compromiso hacia una nueva culturalidad de la tipografÃa.» (Trias, 2005: 5).
Como ha señalado Miquel de Moragas (1992), al igual que pasó con la mascota diseñada por Mariscal, el sÃmbolo creado por Trias «marcaba igualmente la lÃnea de modernidad», pues por primera vez en la historia de las identidades olÃmpicas se representaba un cuerpo humano en movimiento, mientras cumplÃa con las funciones comunicativas que se le habÃan encomendado: «una de carácter cultural, que proponÃa para Barcelona una determinada identidad y lÃnea estética, otra de carácter identificador y referencial, al permitir la unificación de los múltiples mensajes y elementos propios de la organización de los Juegos, y, finalmente, una tercera función que no podemos despreciar, la de permitir el gran proceso comercial que hoy significa la venta de derechos de la imagen olÃmpica», todos ellos aspectos absolutamente necesarios para el éxito de unos Juegos a los que Trias supo aportar el toque humanÃstico propio de los ideales del olimpismo.Â
Para saber más:
Moragas Spà , M. de: «Comunicació, identitats culturals i Jocs OlÃmpics: l’experiència de Barcelona ‘92», Barcelona: Centre d’Estudis OlÃmpics UAB, 1992. [Consultado: 07/12/2012]
Moragas Spà , M. de: «Diseño: promoción e identidad de Barcelona'92», Temes de Disseny no. 07, Barcelona, Elisava, 1992.
Moragas, M. de: «La Cultural mediterránea en los Juegos OlÃmpicos de Barcelona’92», Barcelona: Centre d’Estudis OlÃmpics UAB, 1993. [Consultado el: 07/12/2012]
Moragas, M. de: «Comunicació a Barcelona’92: l’herència dels sÃmbols», en Moragas, M.de; Botella, M. (eds.), Barcelona, l’herència dels Jocs (1992-2002), Barcelona, Centre d’Estudis OlÃmpics (UAB), Ajuntament de Barcelona, Editorial Planeta, 2002.
Trias, J.M.: «Diseño y logotipo de los Juegos OlÃmpicos de Barcelona'92»  en Jocs OlÃmpics, comunicació i intercanvis culturals: l’experiència dels últims quatre Jocs OlÃmpics d’estiu: simposi internacional, Palau de Pedralbes, Barcelona, 3-5 d’abril de 1991. Bellaterra, Centre d’Estudis OlÃmpics i de l’Esport, pp. 187-191.
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